Lo que no tiene es a nadie que se los sepa mirar. Las grandes organizaciones llevan décadas pagando por tener a alguien así dentro. Los negocios pequeños no, y son exactamente los que más lo necesitan, porque ahí un proceso roto no se diluye entre departamentos: lo sostiene una sola persona, casi siempre de noche o el fin de semana.
Por eso dejé los proyectos grandes. No porque se me acabara el criterio, sino porque quería ponerlo donde de verdad hace falta.